Hace medio año que vivo en un sueño de hadas, en un cuento de princesas hermoso, donde los momentos divertidos, espontáneos y llenos de caricias cargadas de amor, no han parado (de mi parte)
Él indudablemente es un hombre maravilloso, inteligente, a mis ojos guapísimo, un hombre completo, perfecto para mí, un leo de pies a cabeza.
Al que no me canso de apoyar y animar; por el que dejo de lado mis actividades planeadas para estar a su lado, por el que no reparo en invertir hasta mi último peso por verlo bien, conmigo. Por él, siempre los detalles serán mínimos, cualquier camino que lleve a él, lo recorro sin problema, no importa si estoy enferma, de humor, cansada, soleada o mojada. Por él, he tenido la osadía de cocinar…. Y de volver a pensar en “juntos, para toda la vida”, cual final feliz de novela.
Nada es suficiente ni basto para darle y desbordarme en atenciones por mi príncipe amado, no importa que él, nunca venga verme, que no pague las cuentas, que no me invite al cine (y… a ningún lado) que no tenga tiempo para mi, ni para la comida que le preparo, que su ánimo y salud se conviertan en impedimento para admirarlo, que no tenga detalles… y que siempre busque su satisfacción. Nada importa si él lucha por permanecer a mi lado a pesar de mis exigencias, pero…
Cuando estar enamorada significa sufrir, cuando la mayoría de nuestras conversaciones con amigas íntimas son acerca de él, de sus problemas, ideas, acciones y sentimientos, cuando casi todas nuestras frases comienza con “el…”
Cuando disculpamos su mal humor, su indiferencia y desaires por problemas personales que encuentran su raíz en un hogar disfuncional, cuando tratamos de convertirnos en su terapeuta y principal animador, cuando estar a su lado pueda resultar ser un tormento… estamos AMANDO DEMASIADO.
Soy adicta al amor, lo reconozco…. Maldita enfermedad, prometo curarme pronto!!